EL PLOMO. Hechos y realidades

Propiedades del plomo

El plomo es uno de los recursos más valiosos que se encuentra de forma natural en a corteza terrestre, siendo objeto de explotación minera y de beneficio en más de 60 países. Su empleo ha venido creciendo de forma continuada, habiendo aumentado desde 0,8 Mt a principios del Siglo XX, hasta 6,5 Mt al comenzar el XXI. De esta producción, aproximadamente 2 Mt corresponden a Europa. Es interesante resaltar que el plomo secundario o reciclado, supone ahora en el mundo casi el 60 % de la producción total.

El plomo ofrece, entre otras ventajas, la de tener un punto de fusión bajo y una maleabilidad extremada que permite su fácil moldeo, conformado, laminado y soldado. Además, el plomo presenta una muy alta resistencia a la corrosión, siendo numerosos los ejemplos de productos de plomo que han perdurado a través de siglos.

Comparado con otros metales, el plomo tiene poca resistencia mecánica, a lo que se une su tendencia a fluir y su poca capacidad frente a la fatiga, propiedades éstas que le hacen poco adecuado para usos que exijan esfuerzo mecánico. (En realidad, las características mencionadas son propias de algunos plásticos), por lo que raramente se utiliza el plomo puro, siendo mucho más frecuente su empleo con la adición de pequeñas cantidades de material aleante que mejoran sus características mecánicas. Cuando se trata de conseguir un material de gran resistencia puede acudirse al acero con recubrimiento de plomo.

El plomo es relativamente abundante y sus concentrados pueden obtenerse fácilmente a partir del mineral bruto, dando origen al plomo metal con un consumo energético relativamente modesto. Todo ello se traduce en un precio del plomo bajo en comparación con el de otros metales no férreos. El plomo puede reciclarse, obteniéndose plomo secundario, a partir de baterías desechadas, de chatarras y residuos plomíferos y de otros productos o residuos que contengan plomo, así como de procesos productivos de otros metales tales corno acero, cobre o cinc.

Sin embargo, se sabe desde tiempos remotos, que la exposición al plomo puede tener consecuencias adversas para la salud. Hay constancia de enfermedades relacionadas con el plomo en la antigua Roma, consecuencia del envenenamiento con el metal, especialmente entre las clases acomodadas. Hasta época bien reciente, muchos trabajadores expuestos al plomo sufrían efectos negativos para su salud.

Actualmente hay constancia de que la exposición al plomo es nociva para algunas partes del organismo, siendo las más afectadas (potencialmente) el cerebro y el sistema nervioso, los riñones, la sangre y el sistema reproductor de ambos sexos. En determinadas formas, se considera que el plomo pudiera ser cancerígeno y existe algo de preocupación por su influencia negativa sobre el desarrollo del feto y de la capacidad mental de los niños pequeños, que podrían sufrir alteraciones en su coeficiente intelectual. Ahora bien estos síntomas clínicos solo se encuentran en individuos expuestos muy intensamente al plomo, casos verdaderamente raros en el Mundo Occidental.

Si bien es cierto que la minería del plomo, su metalurgia, su transformación y su empleo, igual que su recuperación y reciclado producen emisiones y pérdidas varias, la acción responsable de la industria, empleando las mejores tecnologías y una buena organización, consiguen que tales emisiones se reduzcan a un mínimo. En un mundo muy desarrollado tecnológicamente, el uso normal del plomo se hace de forma que las fuentes de emisiones dañinas para la salud humana sean mínimas. No obstante, la simple palabra plomo, a partir de los años setenta, provoca una reacción negativa por parte de la población y tal reacción es especialmente aguda cuando se trata de políticos y legisladores. Ninguno de ellos, por regla general, tienen buena información científica sobre la cuestión pero son arrastrados fácilmente por una corriente de opinión llena de prejuicios y con unos puntos de vista muy extremistas.

PROPIEDADES FÍSICAS DEL PLOMO Y DE LOS PRINCIPALES METALES


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