EL PLOMO. Hechos y realidades

Emisiones industriales y su control

Las emisiones de plomo, igual que de otras sustancias peligrosas o potencialmente dañinas, pueden ocurrir en cualquier etapa del ciclo productivo, desde la mina hasta la fusión y el refino y, eventualmente, durante la manufactura de los productos finales. Igualmente pueden ocurrir emisiones de plomo en otros procesos ajenos a la industria del plomo, como incineración o centrales térmicas, generalmente en pequeñas cantidades. Las emisiones, en el Mundo Occidental, tienden a disminuir, a medida que la legislación las restringe y se van incrementando las tecnologías encaminadas a la reducción de tales emisiones, por aplicación de medidas realmente eficaces contra la contaminación. Ahora bien, determinadas emisiones resultan inevitables, especialmente cuando se trata de instalaciones antiguas que procesan miles de toneladas cada año. La aplicación de la Directiva IPPC, con su exigencia de empleo de la Mejores Tecnologías Disponibles, mejorará la situación.

La parte principal de las emisiones consiste en residuos sólidos, siendo bastante menor las cantidades emitidas al aire y a las aguas. La forma de las emisiones determina su probable movilidad, su bioasimilación y su potencial para afectar al ecosistema o a la población humana.

Otro importante factor a tener en cuenta es si las emisiones están controladas, si son emisiones fugitivas o resultado de algún incidente en la planta.

A pesar de la constancia histórica de que, a lo largo del tiempo, se han producido daños a la salud de la mano de obra vinculada con la industria de¡ plomo, ha sido a partir de los últimos cien años, más o menos, que se ha comenzado a tomar medidas, tanto para proteger la salud de los trabajadores como para preservar el media ambiente. Un buen diseño de las plantas industriales, junto con la reducción del potencial de emisión de sustancias contaminantes, resultan de importancia capital, pudiendo decirse que los nuevos procesos son, por su concepción, más limpios que el horno de cuba convencional. Las tecnologías para reducir la contaminación, que incluyen el tratamiento de los efluentes gaseosos y líquidos, recuperando los metales que pueden contener, contribuyen también de forma muy eficaz a la reducción de emisiones, Otra serie de medidas complementarias, aplicadas en grados distintos, contribuyen positivamente al mismo fin.

En todo el Mundo Occidental, las plantas e instalaciones están obligadas legalmente a operar por debajo de los límites establecidos por la autoridad competente, aunque no todas las emisiones son monitorizadas continuamente. En relación con esto último, hay plantas en la UE que cuentan con algún tipo de perímetro de monitorización. La medida de las emisiones fugitivas, como los polvos arrastrados por el viento, presentan problemas peculiares. Una solución puede ser la monitorización de la calidad del aire dentro y en el perímetro en cuestión, modelizando los resultados. En general, resulta difícil la estimación del porcentaje de emisiones originadas por fuentes fugitivas. En determinados países, las descargas autorizadas se establecen individualmente para cada planta.

Existen limites legales y valores guías recomendados para la concentración de plomo en el aire fuera de la planta, practicándose normalmente la monitorización. Las zonas con mayor concentración de plomo en el aire son las que se encuentran en las proximidades de las aglomeraciones industriales. El cumplimiento de la norma standard de la UE de 2 g/m3 es actualmente general, aunque aun existen algunas pocas áreas que exceden los nuevos standards y la norma guía de la WHO, cuyo valor es 0,5 g/m3.

Los mas expuestos a las emisiones son los trabajadores de las plantas. Antes de que se establecieran controles industriales, aproximadamente con el cambio del Siglo XIX al XX, la intoxicación con plomo era frecuente entre los trabajadores de las fundiciones e, incluso entre los de las industrias transformadores. La implantación de controles relativos a los standards mínimos de calidad del aire en las instalaciones, la vigilancia médica, el uso de material protector y las condiciones de higiene general han conseguido que la exposición excesiva al plomo resulte realmente excepcional.

Fuera del Mundo Occidental, las medidas no son siempre suficientes y establecidas con el mismo rigor, existiendo, indudablemente, muchos casos de exposición elevada y de daños al medio ambiente.

En suma: así como es importante reconocer la inmensa mejoría conseguida por la industria en las últimas décadas, también hay que hacer constar la considerable diferencia de los standards existentes entre el mundo desarrollado y el otro en vías de desarrollo. Las emisiones de algunas plantas ajenas ala UE siguen contribuyendo a que los residentes locales estén sometidos a una elevada exposición y, al mismo tiempo, se están contaminando los suelos para varios siglos. Se impone, no obstante, continuar trabajando para implementar las mejores prácticas y alcanzar unos niveles de emisión compatibles con un desarrollo mundial sostenible.


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